En su libro Krav Magá, La filosofía de la defensa israelí, (Imago, 2006), el maestro Kobi Lichtenstein presenta el Krav Magá como una opción de vida.

Esta opción o camino  empieza con el deseo del practicante por aprender a defenderse en forma eficiente.

Con el avance en las clases, el alumno se va dando cuenta de que el Krav Magá es una actitud ante la vida. “Es necesaria una postura firme, vivir con la cabeza erguida” -escribe el maestro Kobi.

Esa enseñanza le llegó por su mentor, el creador del Krav Magá, Imi Lichtenfeld. Imi siempre instaba a no solamente hacer Krav Magá, sino a entender el Krav Magá. O sea, a asumir una visión de la defensa personal y del mundo. La defensa personal como un acto de supervivencia legítimo. El mundo como un lugar potencialmente peligroso, pero cuyos peligros pueden ser conjurados con una actitud adecuada, plena de simplicidad, autocontrol y respeto para el adversario.

A Imi le sobrevivieron miles de discípulos que siguen construyendo la familia del Krav Magá en el mundo. El maestro Kobi fue uno de los 13 maestros designados por Imi para difundir el sistema a lo largo y ancho del planeta.

El Krav Magá se constituye entonces como un método de defensa personal probado en combate, madura como un camino de vida o una visión del mundo, y encuentra su realización en el seno de una familia: todos los que reconocen, practican y enseñan el legado de Imi.

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